- Proverbio Danés
Muchas veces en nuestras vidas decimos cosas como: “¿por qué a mí?” o “¿por qué a mí si y a otros no?” Todo frente a situaciones desagradables.
Pasa que no nos hemos detenido a reflexionar que todas esas situaciones, como todas las cosas, tienen una causa. Porque créase en Dios, en el karma, en la suerte, etc., TODO tiene una causa. Incluso lo que erróneamente llamamos “azar”, tiene una causa, que fue causada por otra causa, y así hasta el infinito, si no crees en Dios, o también llegarías a la Causa Primordial, Dios. No voy a preocuparme de ello en este momento. A partir de este punto, hablaré en segunda persona singular. Pongamos una situación hipotética, pero por desgracia, bastante cotidiana para muchos:
Hoy te levantaste, (a cuántos nos ha pasado), y aún soñoliento, te golpeas el dedo meñique del pie contra la pata de la cama. Maldices y garabateas como mandado a hacer, siendo éstas tus primeras palabras del día. Tras un “excelente” comienzo de jornada, miras desesperado que el reloj marca una hora mucho más tarde de la que pensabas que era. Maldices y garabateas de nuevo. Corres a hacerte el desayuno, que por supuesto, no preparas (ni te tomas) en condiciones. Sales corriendo y encuentras miles de obstáculos en el camino a donde debes ir, sea en auto, bicicleta, a pie o en transporte público.
Y no quiero deprimir, pero quiero preguntar, ¿no te parece que es una cadena? Afortunadamente, toda cadena tiene un eslabón inicial. Y es aquel que podemos evitar, tomando conciencia de que una actitud agradecida vale y hace mucho más por nosotros que continuas maldiciones y garabatos frente a lo que ya ocurrió y no podemos revertir como hecho, pero sí podemos atenuar sus efectos y evitarlos a futuro. No quiero con esto ser un moralista barato ni transformarme en el paradigma viviente de Ned Flanders, pero es una reflexión que, he descubierto, funciona. No puedes secar un manzano cortándole las frutas, sino las raíces. Lo mismo ocurre con la vida misma. Levántate cada día agradeciendo, si quieres, según tu fe, o simplemente agradece la simpleza pero grandiosa posibilidad de existir. Creas o no en la reencarnación, de cualquier manera, esta vida particular es una oportunidad única, donde experiencias irrepetibles te acompañarán hasta el final de tus días, y quién sabe, más allá. Y tomando esta actitud positiva, la vida se transforma. Garantizado en la mayoría de los casos.
Que siempre tengas motivos para agradecer una vida feliz, verdaderamente feliz.

