Hola, lluvia. Tanto tiempo, ¿no? Es curioso cómo este año llegaste, más repentina, pero a la vez más deseada que otras veces. El padre Sol fue muy severo con nosotros este año, incluso causando cicatrices en el rostro tierno y amable de la madre Tierra. Sabes que personalmente prefiero el trato tierno que el más duro.
En días como hoy, cuando llegas y te haces presente, traes a mi memoria recuerdos de antaño, y mientras te escucho caer, bebo de un brebaje caliente, y leo un libro con una historia triste. Pienso en esa persona, que tantas alegrías y dolores, esperanzas y desilusiones trajo a mi vida, y que aún así no puedo odiar. Basta. Hablemos de ti.
No eres mi favorita, no lo tomes a personal, pero sabes, hiciste falta. Ven ahora en tu esplendor a sanar los campos, a saciar a los animales, a refrescar las almas agotadas, a despertar los sueños, a ser testigo de los besos bajo tu manto, a despertar recuerdos, a disimular las lágrimas de las despedidas, y a hacer insuficientes las de los reencuentros, a inspirar fotografías opacas.
Bienvenida, lluvia. El otoño y yo, y quizá miles de otras almas que no se han tocado, te esperábamos.
