¿Recuerdan, estimad@s lector@s, que hace algunos meses mi vida no iba como yo quería? Bueno, eso ha cambiado totalmente. Me abandoné a Dios, a Su amor, a Su Paternidad divina, la cual quiere vernos felices, en armonía con Sus mandatos, pero también por mi empeño en luchar por mis sueños, perseguirlos sin cansancio hasta obtenerlos, por agradecer profundamente cada cosa buena que se tenga o se disfrute, por sencilla y pequeña que sea.
Hoy estoy trabajando en el lugar que siempre quise, teniendo éxitos en todo orden de cosas; sociales, económicas, familiares... pero hasta hoy faltaba algo, que reencontré por un maravilloso milagro. Una parte fundamental: El Amor. Pero no ese Amor que circula en todos lados, el amor a tu trabajo, a las cosas que tienes, a tu familia... No.
Hablo del Amor romántico, ese amor que nos lleva a las locuras que el resto de las personas consideran raras o absurdas, pero que en el fondo de cada alma, la satisface profundamente, porque está compartida con alguien, que te entrega ese mismo amor que tú entregas. Esa llama que inflama el pecho de alegría. Esa persona con la que recorrerías el mundo, en la que piensas todo el día, con cuyo corazón entrelazas las fibras del tuyo propio, aquella que si se aleja físicamente de ti, sientes un vacío que sólo su presencia puede llenar. ¿Y cómo pasó?
Hace algunos años, me regalaron para mi
cumpleaños un libro, que por alguna razón disfruté, pero no fue muy
importante, y hasta hoy, sólo lo había leído una vez. Pero hoy fue distinto.
Hoy algo me inspiró a que lo tomara nuevamente. Y al terminarlo estoy feliz, con esa dicha que da paz, pero que no te deja borrar la sonrisa de la cara. Porque hoy recuperé una parte de mí que estaba olvidada y enterrada (por mi propia causa), y todo me hizo perfecto sentido. Doy gracias por este milagro para mi alma.
Ese libro se llama "A orillas del río Piedra me senté y lloré" de Paulo Coelho.
Hoy algo me inspiró a que lo tomara nuevamente. Y al terminarlo estoy feliz, con esa dicha que da paz, pero que no te deja borrar la sonrisa de la cara. Porque hoy recuperé una parte de mí que estaba olvidada y enterrada (por mi propia causa), y todo me hizo perfecto sentido. Doy gracias por este milagro para mi alma.
Ese libro se llama "A orillas del río Piedra me senté y lloré" de Paulo Coelho.
Quien haya vivido un proceso similar al mío, sabrá de lo que hablo. Y si no, el mensaje de este libro es bastante universal. Amar sin temor, optar por el amor, seguirlo todo lo que sea necesario. Porque llegará también, como el resto de las cosas por las que se inicia la campaña personal por conseguirlas.
A lo largo de las últimas dos semanas, diversos eventos y circunstancias me fueron preparando para hoy. Porque mi corazón recibió una revelación, y actuaré conforme a ella.
Me quedo con estas palabras:
A lo largo de las últimas dos semanas, diversos eventos y circunstancias me fueron preparando para hoy. Porque mi corazón recibió una revelación, y actuaré conforme a ella.
Me quedo con estas palabras:
Es necesario correr riesgos, decía. Sólo entendemos del todo el milagro de la vida cuando dejamos que suceda lo inesperado.Bendiciones para tod@s.
Todos los días Dios nos da, junto con el sol, un momento en el que es posible cambiar todo lo que nos hace infelices. Todos los días tratamos de fingir que no percibimos ese momento, que ese momento no existe, que hoy es igual que ayer y será igual que mañana. Pero quien presta atención a su día, descubre un instante de silencio después del almuerzo, en las mil y una cosas que nos parecen iguales. Ese momento existe: un momento en el que toda la fuerza de las estrellas pasa a través de nosotros y nos permite hacer milagros.
La felicidad es a veces una bendición, pero por lo general es una conquista. El instante mágico del día nos ayuda a cambiar, nos hace ir en busca de nuestros sueños. Vamos a sufrir, vamos a tener momentos difíciles, vamos a afrontar muchas desilusiones…, pero todo es pasajero, y no deja marcas. Y en el futuro podemos mirar hacia atrás con orgullo y fe.
Pobre del que tiene miedo de correr riesgos. Porque ése quizá no se decepcione nunca, ni tenga desilusiones, ni sufra como los que persiguen un sueño. Pero al mirar hacia atrás —porque siempre miramos hacia atrás— oirá el corazón que le dice: «¿Qué hiciste con los milagros que Dios sembró en tus días? ¿Qué hiciste con los talentos que tu Maestro te confió? Los enterraste en el fondo de una cueva, porque tenías miedo de perderlos. Entonces, ésta es tu herencia: la certeza de que has desperdiciado tu vida.»
Pobre de quien escucha estas palabras. Porque entonces creerá en milagros, pero los instantes mágicos de su vida ya habrán pasado.



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